Déficit de hierro en la infancia: cómo detectarlo y prevenirlo

El hierro es un mineral imprescindible para que los niños crezcan sanos. Participa en la formación de los glóbulos rojos, ayuda a transportar el oxígeno por todo el cuerpo y es fundamental para el desarrollo del cerebro. Un déficit de hierro puede existir incluso antes de que aparezca anemia y, si se mantiene en el tiempo, puede afectar, entre otros, al aprendizaje, la atención y al desarrollo neurológico.

¿Qué niños tienen más riesgo?

Según las recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría (AEP), la ESPGHAN y la Organización Mundial de la Salud (OMS), debemos prestar especial atención a:

  • Bebés prematuros, con bajo peso al nacer o hijos de mamás con anemia severa o sangrado abundante en el parto/cesárea.
  • Lactantes que toman lactancia materna exclusiva y, a partir de los 6 meses, no introducen alimentos ricos en hierro.
  • Niños que beben mucha leche de vaca (más de 500 ml al día), ya que desplaza otros alimentos ricos en hierro y dificulta cubrir las necesidades.
  • Niños con una alimentación muy selectiva o poco variada.
  • Adolescentes, especialmente las chicas con menstruaciones abundantes.

¿Cómo puedo sospechar que a mi hijo le falta hierro?

Muchas veces no produce síntomas, por lo que conocer los factores de riesgo es muy importante. Cuando aparecen, los más frecuentes son:

Si el pediatra sospecha un déficit de hierro, puede solicitar una analítica para confirmar el diagnóstico antes de iniciar un tratamiento. Uno de los parámetros más útiles para valorar las reservas de hierro es la ferritina. Sin embargo, su interpretación no siempre es sencilla, ya que aumenta durante las infecciones o procesos inflamatorios y siempre debe valorarse junto con el resto de la analítica y la situación clínica del niño.

Aunque los valores considerados "normales" varían según la edad y el laboratorio, en los últimos años algunos estudios han observado que niños con ferritina inferior a 50 ng/mL y determinados trastornos del sueño, como el síndrome de piernas inquietas o los movimientos periódicos de las piernas durante el sueño— podrían beneficiarse de una valoración específica. No obstante, este punto sigue siendo objeto de investigación.

  • Palidez.
  • Caída del pelo.
  • Cansancio o menos energía de lo habitual.
  • Irritabilidad.
  • Falta de apetito.
  • Dificultad para concentrarse o menor rendimiento escolar.
  • Trastornos del sueño.

No todo el hierro se absorbe igual

Un aspecto que muchas familias desconocen es que no todo el hierro de los alimentos se aprovecha de la misma forma.

El hierro de origen animal (hierro hemo), presente en carnes, pescado y marisco, se absorbe mucho mejor por nuestro organismo.

En cambio, el hierro de origen vegetal (legumbres, verduras de hoja verde, frutos secos o cereales) y el del huevo se absorben en menor cantidad. Esto no significa que sean malos alimentos, sino que conviene combinarlos adecuadamente con vitamina C para mejorar su aprovechamiento.

La vitamina C: la mejor aliada del hierro

La vitamina C aumenta de forma importante la absorción del hierro de origen vegetal. Un gesto tan sencillo como acompañar las comidas con alimentos ricos en vitamina C puede marcar la diferencia.

Algunas buenas combinaciones son:

  • Lentejas con tomate o pimiento.
  • Garbanzos con brócoli.
  • Hummus con pimiento rojo.
  • Avena, una leche vegetal y fresas o kiwi.
  • Un postre de naranja, mandarina o kiwi después de una comida con legumbres.

¿Se puede prevenir?

A partir de los 6 meses es importante ofrecer alimentos ricos en hierro de forma habitual, limitar el exceso de leche de vaca en los niños pequeños y seguir las recomendaciones del pediatra sobre suplementos de hierro.

Ante cualquier duda, puedes pedir cita en el Centro Pediátrico ETAPAS. Revisaremos la alimentación y los factores de riesgo de vuestro peque y os orientaremos para prevenir o detectar un posible déficit de hierro, ayudándoos a planificar una dieta equilibrada y rica en este mineral.