¿Mi hijo come suficiente? Cómo saber si realmente está comiendo bien
"Come muy poco." "Con lo que come no puede ser suficiente." "Solo quiere pasta." "Si no le obligo, no come nada." Estas son algunas de las frases que más escuchamos los pediatras en consulta. Y es comprensible: cuando un niño come poco, es fácil preocuparse y pensar que no está recibiendo todo lo que necesita. Pero hay algo importante que debemos recordar: Un niño sano no necesita comer la misma cantidad todos los días. El apetito infantil es muy variable y depende de muchos factores: la edad, el crecimiento, la actividad física, el sueño, si está atravesando una enfermedad o incluso cómo se siente ese día. Por eso, antes de preocuparnos por cuánto ha comido hoy, debemos mirar "la película completa".
¿Cómo sabemos si nuestro hijo come suficiente?
No existe una cantidad exacta que todos los niños deban comer. Dos niños de la misma edad pueden necesitar cantidades diferentes y ambos estar perfectamente sanos.
En lugar de fijarnos únicamente en los gramos o en cuánto queda en el plato, podemos observar:
- ¿Está creciendo adecuadamente?
- ¿Tiene energía y juega con normalidad?
- ¿Come alimentos de diferentes grupos a lo largo del tiempo?
- ¿Tiene momentos en los que muestra hambre?
- ¿Es capaz de reconocer cuándo está lleno?
- ¿Su alimentación es razonablemente variada?
El crecimiento es uno de los mejores indicadores de que la alimentación está cubriendo sus necesidades. Por eso, si nuestro hijo mantiene una evolución adecuada de peso y talla, está activo y su alimentación es variada, que algunos días coma poco no suele ser motivo de preocupación.
Los niños no comen igual todos los días
Hay días en los que parece que tienen un agujero en el estómago y otros en los que apenas prueban bocado, y eso puede ser completamente normal. El apetito puede disminuir cuando:
- han comido más en días anteriores;
- están creciendo más despacio;
- hace mucho calor;
- están cansados;
- están estreñidos;
- están empezando con una infección;
- hay alguna novedad que les tiene tan entretenidos que no quieren parar para comer;
- o simplemente no tienen hambre.
Por eso es mejor valorar la alimentación en su conjunto, no una comida concreta. Un niño que un día come muy poco no necesita que intentemos "compensarlo" obligándole a comer más en la siguiente comida.
¿Quién decide qué se come?
Aquí hay una idea que puede cambiar por completo la relación con la comida:
Los padres somos responsables de ofrecer. El niño es responsable de decidir cuánto come.
Los adultos decidimos qué alimentos ofrecemos, cuándo se ofrecen, dónde se comen y durante cuánto tiempo permanece la comida disponible.
Esto no significa que el niño pueda decidir comer únicamente galletas, chocolate o patatas fritas: los adultos seguimos siendo quienes ofrecemos una alimentación variada y adecuada.
- qué alimentos ofrecemos;
- cuándo se ofrecen;
- dónde se comen;
- durante cuánto tiempo permanece la comida disponible.
Por parte del niño, las decisiones se reducen a dos: si quiere comer y cuánto quiere comer.
"Una cucharada más y ya está"
Es una de las frases más habituales en las mesas familiares, pero obligar a un niño a comer puede hacer que aprenda a ignorar sus propias señales de hambre y saciedad. Si dice que no quiere más y está tranquilo, podemos confiar en que probablemente está escuchando a su cuerpo.
Esto no significa que nunca podamos animarle a probar un alimento nuevo: podemos decir "¿Quieres probar un poquito?", pero si responde que no, no necesitamos convertir la comida en una batalla, ni mucho menos utilizar amenazas, castigos o premios constantemente relacionados con la comida.
Las comidas tampoco deberían durar eternamente
Si el niño sabe que puede estar una hora delante del plato, es fácil que la comida se convierta en una negociación interminable. Lo ideal es establecer horarios y rutinas predecibles, comer sentados y evitar el picoteo continuo entre comidas, de modo que cada comida familiar tenga un principio y un final.
Cuando el niño deja de comer, podemos retirar el plato tranquilamente y continuar con la siguiente comida o tentempié previsto. No necesitamos perseguirle por la casa con una cuchara.
"No le gustan las verduras"
Aquí tenemos que distinguir entre "No le gusta" y "Todavía no le gusta". Los niños pueden necesitar muchas exposiciones a un alimento antes de aceptarlo, así que que hoy rechace el brócoli no significa que debamos eliminarlo para siempre: podemos seguir ofreciéndolo de vez en cuando, sin obligarle a comerlo, y tampoco hace falta presentar siempre el alimento de la misma manera.
Además, si coméis todos juntos, el niño aprenderá de lo que ve: si os oye disfrutar del brócoli y compartirlo, es más probable que quiera comerlo. Si queremos que el niño coma verduras, tenemos que comer verduras los adultos.
Comer también puede ser divertido
La presentación importa mucho, especialmente en los niños pequeños. No necesitamos convertir cada comida en una obra de arte, pero sí podemos utilizar un poco de creatividad. Algunas ideas:
- Verduras en diferentes formas: bastones de zanahoria, calabacín en tiras, brócoli en pequeños ramilletes, verduras asadas, crema de verduras, tortilla con verduras.
- Fruta presentada de diferentes maneras: trozos, brochetas adaptadas a la edad, mezclada con yogur natural, en una tostada, triturada ocasionalmente (aunque mejor priorizar la fruta entera).
- Platos que puedan montar ellos mismos: mini tacos, tostadas para preparar, yogur con fruta y avena, hummus con verduras, pequeñas "pizzas" caseras con verduras.
- Plato con colores y formas: intentar combinar diferentes colores y texturas puede hacer que el plato resulte más atractivo. Con los moldes de repostería, puedes presentar los alimentos con formas atractivas (corazones, estrellas…).
- Involucrarles en la cocina: llevarle a comprar y elegir su plato y cubiertos, ofrecerles elegir una receta, ir al super a comprar los ingredientes, lavar una fruta, remover una mezcla, escoger entre dos verduras, ayudar a preparar una ensalada.
Y un truco muy sencillo: en lugar de preguntar "¿Quieres brócoli?", podemos preguntar "¿Prefieres brócoli o calabacín?". Las dos opciones son adecuadas y el niño puede participar en la decisión.
No hace falta esconder las verduras
Es perfectamente válido añadir verduras a una crema, una tortilla o una salsa, pero no necesitamos que la única forma de que nuestro hijo coma verduras sea ocultándolas. También es importante que aprenda a reconocerlas, tocarlas, olerlas y probarlas tal y como son.
La exposición repetida y sin presión ayuda mucho más a largo plazo que convertir cada comida en un juego para conseguir que "no se dé cuenta".
¿Y si solo quiere los alimentos que más le gustan?
Aquí es donde puede ayudarnos una estrategia muy sencilla:
Ofrecer siempre al menos un alimento que sabemos que suele aceptar junto a otros alimentos.
Por ejemplo:
- Pasta + pollo + calabacín.
- Arroz + pescado + tomate.
- Patata + tortilla + brócoli.
De esta manera no convertimos la comida en "si no comes esto, no comes nada", pero tampoco permitimos que el niño determine que en cada comida solo habrá su alimento favorito.
Cuidado con el picoteo
A veces pensamos: "No ha comido nada, voy a darle algo", y unas horas después: "Bueno, al menos se ha comido unas galletas". El problema es que el picoteo continuo puede hacer que el niño llegue a las comidas sin hambre.
Por eso suele ser útil establecer desayuno → comida → merienda → cena y, según la edad y las necesidades del niño, algún tentempié planificado. No se trata de dejarle pasar hambre, sino de permitir que aparezca el hambre entre comidas.
La mesa no debería convertirse en una batalla
Quizás esta sea la recomendación más importante. Intentemos evitar:
- obligar a terminar el plato;
- perseguir al niño con la comida;
- comparar con otros niños;
- utilizar comida como premio o castigo;
- amenazar;
- negociar cada bocado;
- preparar cinco comidas diferentes hasta conseguir que coma.
Y, en su lugar, favorecer: horarios y rutinas; comer juntos siempre que sea posible; ofrecer variedad; permitir que decida cuánto comer; repetir alimentos aunque los rechace inicialmente; respetar las señales de hambre y saciedad; y hacer de la comida un momento agradable.
¿Cuándo deberíamos consultar?
Aunque muchas veces "come poco" forma parte de la variabilidad normal de la infancia, hay situaciones que sí requieren valoración.
Consulta con tu pediatra si observas:
- pérdida de peso o falta de ganancia adecuada;
- caída del pelo;
- uñas débiles;
- palidez;
- cambios en las deposiciones: si son negras, blancas, con moco, sangre o diarrea;
- estancamiento del crecimiento;
- una alimentación extremadamente limitada;
- rechazo de grupos completos de alimentos;
- dificultad para masticar o tragar;
- atragantamientos frecuentes;
- vómitos recurrentes al comer;
- dolor asociado a las comidas;
- fatiga excesiva durante las tomas;
- rechazo persistente de los alimentos;
- una preocupación importante por la alimentación que está afectando a la vida familiar.
En estos casos no se trata simplemente de decir "ya comerá". Es importante buscar por qué está comiendo poco.
En resumen
Cuando un niño come poco, nuestra primera reacción suele ser intentar que coma más, pero muchas veces lo que necesita no es que le persigamos con una cuchara, sino que confiemos un poco más en su capacidad para regular su apetito.
Nuestro papel es ofrecer una alimentación saludable, variada y suficiente, porque enseñar a comer bien no consiste solamente en conseguir que un niño coma verduras hoy.
Consiste en ayudarle a construir una relación saludable con la comida para el futuro.
En Centro Pediátrico Etapas
Cada niño tiene su propio ritmo y sus propias necesidades. Si te preocupa que tu hijo coma poco, que su alimentación sea demasiado limitada o que su crecimiento no sea el esperado, consúltanos.
A veces, mirar el crecimiento, la alimentación y al niño en su conjunto nos ayuda a descubrir que está comiendo mucho mejor de lo que pensábamos.
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