¿Duerme bien mi bebé? Guía para detectar problemas de sueño infantil

El sueño es una parte fundamental del desarrollo infantil. Durante los primeros años de vida, el sueño cambia muchísimo: los recién nacidos duermen en periodos cortos, poco a poco aparecen periodos de sueño más prolongados y, con el tiempo, el sueño nocturno va adquiriendo mayor protagonismo. Pero ¿cómo podemos saber si un bebé duerme «bien»? ¿Cuándo hablamos simplemente de una variación normal y cuándo puede existir un problema de sueño que merece ser valorado?

El sueño infantil no es igual para todos

Una de las primeras cosas que debemos tener en cuenta es que no existe un único patrón de sueño normal.

La edad, el temperamento, el desarrollo, la alimentación, las rutinas familiares y muchas otras circunstancias pueden influir en cómo duerme cada niño.

Por eso, no debemos valorar únicamente cuántas horas duerme un bebé. También es importante conocer:

  • cuánto tarda en quedarse dormido;
  • cuántas veces se despierta durante la noche;
  • cuánto tiempo permanece despierto durante esos despertares;
  • cómo consigue volver a dormirse;
  • cuánto duerme durante el día;
  • y, sobre todo, cómo está el niño durante el día y cómo afecta el sueño a toda la familia.

Un bebé puede despertarse varias veces durante la noche y estar teniendo un sueño completamente normal para su edad. Del mismo modo, una familia puede estar sufriendo mucho por un problema de sueño aunque el número de horas totales no parezca especialmente llamativo.

Por eso, el sueño infantil debe valorarse de manera global.

¿Cuándo deberíamos preocuparnos?

Los problemas de sueño son frecuentes durante la infancia y no todos necesitan una intervención médica.

Sin embargo, merece la pena consultar con el pediatra cuando existen dificultades persistentes para conciliar o mantener el sueño, despertares muy frecuentes o prolongados, un descanso insuficiente o cuando el sueño está repercutiendo claramente en el bienestar del niño o de la familia.

También hay determinados signos que merecen especial atención, como los ronquidos habituales, pausas respiratorias durante el sueño, respiración dificultosa, sueño excesivamente inquieto, sudoración importante o somnolencia excesiva durante el día.

En estos casos no se trata únicamente de mejorar las rutinas de sueño: es importante descartar que exista un trastorno del sueño u otro problema médico que esté interfiriendo con el descanso.

El sueño también se puede cuidar

Antes de pensar que existe un trastorno, podemos revisar algunos aspectos básicos:

  • Mantener unas rutinas previsibles.
  • Diferenciar progresivamente el día y la noche.
  • Crear un ritual tranquilo antes de acostarse.
  • Evitar pantallas y estímulos intensos antes de dormir.
  • Procurar un entorno adecuado y seguro para el sueño.
  • Responder a las necesidades del bebé y acompañarle durante el proceso de adquisición de sus propios ritmos de sueño.
  • Y, sobre todo, recordar que los despertares nocturnos forman parte del desarrollo normal durante los primeros meses y años de vida.

Entonces, ¿cuándo consultar?

Si tienes dudas sobre el sueño de tu hijo, no es necesario esperar a que el problema sea muy intenso.

Una valoración pediátrica puede ayudarnos a diferenciar entre:

  • una variación normal del sueño según la edad;
  • dificultades relacionadas con hábitos o rutinas;
  • un problema de sueño que necesita intervención;
  • o síntomas que pueden indicar otro problema médico.

En Centro Pediátrico Etapas podemos valorar el sueño de tu hijo de manera individualizada.

Y recuerda…

No existe un bebé que duerma «perfectamente».

El objetivo no es conseguir que todos los niños duerman igual, sino conseguir que el niño y su familia puedan descansar y que el sueño sea adecuado para su edad y su desarrollo.

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